Así pues, el amor conyugal, fundamentalmente igual en todas las parejas, va a marcar la singularidad de su espiritualidad. La calidad, las formas como expresan ese amor conyugal, va a constituir el fundamento de su espiritualidad, tanto en su expresión hacia Dios, como en su expresión hacia ellos mismos, su familia y la Iglesia (cf. Gaudium et Spes 49).
Cada uno de los esposos, desde su fe personal, asume el esfuerzo, la inteligencia y la voluntad para «dar vida a una nueva realidad» que ha nacido desde que se han dicho sí el uno al otro. Todo lo que da vida y fuerza a su amor y a su sueño es la espiritualidad conyugal.
Cada uno de los esposos, desde su fe personal, asume el esfuerzo, la inteligencia y la voluntad para «dar vida a una nueva realidad» que ha nacido desde que se han dicho sí el uno al otro. Todo lo que da vida y fuerza a su amor y a su sueño es la espiritualidad conyugal.

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