- ¡Aquí mando yo!, gritó con ronca voz el señor Antonio a su esposa.
- ¡Las cosas se hacen como yo digo!, chilló más tarde la mamá mirando a sus hijos.
- ¡Todos me tiene que obedecer!, dijo el hermano mayor pasando lista con la mirada a todos sus hermanos.
- ¡Haces lo que yo digo o te doy un latigazo!, aseguró el hermano menor al perrito que quería salirse a la calle.
Hay familias cuyos miembros se parecen a los partidos políticos. Luchan con uñas y dientes por el poder. ¿Quién manda aquí, quién manda más? ¿Quién tiene la última palabra? Esta es la melodía que bulle bajo los diversos movimientos, gritos, silencios, sutiles actitudes, trompetas, oboes y violines de la orquesta familiar. Y una familia estructurada según la dinámica del poder termina por devorarse a sí misma ¿Quién manda más o quién ama más? Esta es la cuestión.
Jesús decía, "entre ustedes... el que manda sea como el que sirve" (Lc 22, 26). ¿Tendrá razón Jesucristo o tiene razón nuestro instinto acaparador de poder? Y si es Jesucristo el que tiene razón, ¿cómo hacer, en la vida familiar y diaria, para responder al reto del amor servicial y no al del poder devorador? ¿Quién se decide a comenzar?
Tomado de: LÓPEZ ALFONSO, Honorio. Mi familia ¿una jaula, un hotel o un hogar? folleto. Ediciones Misión XXI. México, 1997. Págs. 7 y 8.

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